La noche de un viernes, después de llegar a su casa algo cansada y mojada por la lluvia, una chica con una vida muy agitada, entre clases y responsabilidades, se toma el tiempo algunas veces para soñar. Esa noche había tomado más del tiempo de acostumbrado soñando, tanto así que paso la mayoría de la noche en vela. Logro conciliar el sueño a las 4am, pero como era sábado podía dormir hasta tarde. Al despertar al rededor de las 10 de la mañana sintió un terrible dolor de cabeza, no tenía nada en casa para tomar, así que se arreglo para salir, se dirigió a la farmacia cerca de su casa para ir por un analgésico.
Estando en la farmacia en una cola que avanzaba muy lentamente, el chico que se encontraba tras ella le dice:
- Tutti
ella voltea lo mira y dice: Fritti!.
Era el chico por el cual pensaba más de lo debido y el que la había desvelado esa noche. Se saludaron, hablaron, Tutti pago la pastilla, pero ya había olvidado que tenía dolor de cabeza. Salieron de la farmacia a caminar un rato, cuando llegan a la acera, se encuentran con la madre y la tía de Tutti, Tutti les dice:
-Vamos a dar una vuelta ok!
Ambas responden: Esta bien.
Tutti y Frutti se van a caminar, hablan, hablan, hablan, no se interrumpió ni un minuto la conversa, ni para fijarse al cruzar la calle. Ellos se conocían por cartas que se escribían a las cuales adjuntaban fotografías pero nunca se habían visto. Sorprendentemente no hiso falta, porque se reconocieron enseguida.
Al llegar a un parque unas cuadras después de la farmacia, algo interrumpe su platica, basto simplemente con rozar las manos para que surgiera el primer momento incomodo entre ambos; se paralizaron, se miraron fijamente; Tutti miro a Frutti a los ojos y con pena bajo la cabeza, ambos habían sentido lo mismo, pero nadie decía nada, era como si les hubieran robado el aliento por la punta de los dedos.
Frutti sujeto en sus manos el rostro de Tutti y la beso en los labios, Tutti no hiso nada; se había imaginado ese momento tantas veces que no pensó que fuera cierto. Los nervios la paralizaron como si una hojilla le hubiese quitado la vida, no podía ni bajar los parpados, tenía una mirada fija por la conmoción.
Frutti sintió que se había apresurado y se disculpo, imaginando que Tutti estaba incomoda y le había parecido algo inapropiado el beso, así que decidió marcharse. Tutti no hiso nada, no porque no quería, si no porque no podía, ella escucho la disculpa, y no deseaba que Frutti se marchara pero todavía estaba inmóvil.
Frutti camino un largo trecho, apenado por lo que había hecho, se arrepintió una y mil veces, ni siquiera voltio a mirarla de nuevo, deseó no salir de su casa esa mañana por un analgésico para la cabeza, por pasar toda la noche pensando en Tutti. En eso siente unos pasos muy apresurados y un risa por parte de una chica que le tocan el hombro, era Tutti que venía corriendo; poco después de que despertó de la catarsis en la que había entrado por el beso que Frutti pensaba que se había apresurado a dar, salió a alcanzarlo, pero antes de que Tutti dijera algo sostuvo sus brazos en su rodillas, para reponerse del trote y cuando todo aire, lo beso.
Frutti no necesito saber nada más, sabía que ella había sentido lo mismo que él, se alegro tanto que la abrazo, la miro a los ojos y le dijo:
-eres perfecta, tal como te imaginaba en las cartas, no sé aún, que fue lo que me llevo a llamarte en la farmacia pero sentí lo mismo que cuando recibo el correo, esa sensación y ese aroma que dejas en cada pagina, dios mío cuanto agradezco mi dolor de cabeza, siento que te quiero.
Una vez que Frutti dijo todo lo que tenía que decir Tutti lo tomo de la mano y lo llevo consigo a casa.
Estando en casa Tutti invita a Frutti a comer, el acepta un poco apenado, después de que la familia de Tutti insiste un poco, mientras el Frutti espera que la comida fuera servida, se para de la mesa y se acerca sigilosamente a la cocina para escuchar que decían de él, porque le pareció escuchar su nombre; más vale que no, noto que Tutti estaba incomoda y se había disgustado un poco por la indiscreción por parte de su familia, mirándolos con desdén se marcha con la comida para servirla.
Una vez que ya habían comido el postre Tutti se lleva a Frutti a dar otra vuelta, puesto que ambos estaba incómodos bajo el ojo de todos en la mesa y cree conveniente salir de allí. Compartiendo el silencio de una ordinaria escalera, Tutti espera que Frutti baje un escalón más que ella y lo abraza, lo toma en sus brazos, acerca sus labios a su oreja y en un tono preciso para pararle los pelos de punta le dice:
-me has robado las palabras, no tengo nada que decir, tu lo dijiste todo en aquel parque cuando me tomaste de esta forma, tan tuya, tan mía, tan nuestra.
Otro beso de la nada, pero con mucho para ambos, se habían dejado envolver tanto que se igualaron los escalones, sin abrir los ojos aún así se miraban, cada uno tenía la imagen del otro en mente, se tomaron de las manos pero la sensación del parque ya les era familiar, se marcharon para que ocurriera lo mismo unas dos veces más en un acera.
lunes, 6 de abril de 2009
Tutti-Frutti
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